Hija de Perra V/S Clínica Dávila: 58 millones de pesos de estafa.

El 25 de agosto de 2014 fallece Víctor “Wally” Pérez Peñaloza, más conocido en el mundo under como Hija de Perra, performista bizarra, transmarika, feminista, punk y activista. La causa: encefalitis bacteriana producto del sida. Se supone que nadie muere de sida en la actualidad en este país en vías de desarrollo o eso nos han dicho una y mil veces, se supone que con el tratamiento antirretroviral tener sida es como tener (casi) cualquier enfermedad crónica compleja pero Hija de Perra murió dejando a lxs parias de Chile sin su reina. Sin embargo su legado es potente, su trabajo iba mucho más allá del posporno y la performance, hacía clases de enfermedades venéreas en diversas instituciones, era invitada a dar cátedras a universidades, era invitada a dar entrevista en radios y revistas (pero nunca llegó a la televisión abierta) y se movió en todo el espectro audiovisual/teatral/académico posible.

Hija de Perra era una rareza exquisitamente grotesca que perturbaba la monótona y (supuestamente) homogénea fauna nacional, muy alejada de la idiosincrasia chilena de “nunca quedar mal con nadie”, siempre al choque por lo tanto siempre paria pero nunca sola pues su carisma atraía a diversos seres que de alguna u otra forma habían sido arrojados fuera del sistema.

Si bien Wally y su personaje Hija de Perra se movía bajo la lupa de la disidencia sexual también enfocó su lucha en la diversidad sexual, sumado a su activismo feminista lo convirtió en alguien conocido en varias esferas y probablemente por eso el cariño y admiración a Perra era transversal lo que queda absolutamente demostrado en todas las actividades en su nombre como esta segunda marcha. Cuando Wally comenzó a agravarse quedó hospitalizado en la Clínica Dávila donde se cometieron un sinnúmero de irregularidades que terminaron en una deuda de 58 millones de pesos que heredó su madre al fallecer él. Rosa, su madre, ha tratado todo los medios posibles para que esto se revoque sin ningún éxito. Por eso el año pasado y ahora se realizó una marcha tipo procesión absolutamente pagana y travestida para denunciar la vulneración del Estado para con lxs enfermxs de sida, la estigmatización existente (de ahí los besos sidosos y la sangre sidosa derramada para que todos se contagien) y la usura que ejerce la Clínica Dávila amparado por un sistema perverso y alienante.

Primera parada: Centro Arte Alameda

A las 14:00 horas es el llamado a travestirse para la ocasión, además de cortar las máscaras de Hija de Perra para lxs asistentes. Yo llego a eso de las 15:30 para apoyar en esto último, lo cual es gracioso debido a mis evidentes problemas de motricidad fina. ¿Travestirme? Estaba peinada y me había pintao l’hoci, me veía femenina, eso no es común en mí, ergo es transformismo.

A las 16:00 horas comienzan los discursos para enmarcar el acto y también como arenga. Partimos hacia el Centro Gabriela Mistral (GAM), exDiego Portales con una historia nefasta y con un simbolismo incuestionable para la procesión. El GAM está lejos de ser un centro cultural abierto a la comunidad, se utiliza como un medio más para reproducir el neoliberalismo, la jerarquización, el amiguismo y actividades artísticas homogeneizantes que están sin tintes de pensamiento crítico. Como será que nos esperaban Carabineros de Chile, temiendo que este lumpen disidente e inmoral causara estragos.

El primer show es de Maraco Intenso que luego realizarían algo mucho más intenso.

Luego seguimos por el Barrio Lastarria mientras que lxs turistas y comensales de los lindos cafés y restaurantes nos miraban atónitxs, se reían algunxs, aplaudían otrxs, nos sacaron fotos cual artistas freaks circenses de antaño, una chica incluso cantaba las canciones de Hija de Perra que sonaban estruendosamente por los parlantes.

Segunda parada, el departamento de Wally. Nos esperaba su madre y familiares, aullamos en su nombre y cuando bajaron se escuchó un discurso de Perra.

Movimos nuestras cuerpas hasta el Museo de Bellas Artes. Así es, estas cuerpas indecentes, contraculturales y feas en contraposición de la belleza y cultura del museo. Los músicos que estaban tocando en el frontis pararon para que Irina la Loca y amigas hicieran una performance postporno: dos temas de Hija de Perra cantaos, bailaos y teatralizaos, mientras chupeteaban condones con “semen” y “sangre con sida”.

Seguimos hasta el Forestal cuando nos advierten de que carabineros nos esperan en la Clínica, por lo que se decide “atracar” ante cualquier eventualidad.

Por fin estamos ante la Clínica Dávila, pegamos nuestros besos llenos con sida (yo beso la muralla también) y se lanzan litros de sangre con SIDA que me llegó a mí también (quedé con olor a jugo). Nos lanzamos al suelo, no sin antes de pelear con los guardias por haber cerrado las rejas, las que volvimos a abrir.

Los discursos en relación al caso de Víctor Pérez/Hija de Perra se escucharon, también se presentaron estudiantes secundarios del Colectivo Lemebel dejando en claro de la precariedad de las clases de sexualidad en Chile donde solo se enseña (con suerte) sobre la prevención de ETS  y el embarazo, siendo por cierto muy heteronormado y además desde el miedo y no desde el placer. También comentaron lo dificultoso de hacerse el test de Elisa siendo menor de edad.

Uno de los performistas comenta emocionado que su mejor amigo tiene sida y cuan vulnerado se encuentra, su mejor amigo estaba presente y decide hablar.

Todo termina con las emocionadas palabras de la mamá de Víctor, quien se mostró agradecida por el apoyo y lo feliz de darse cuenta de cuántas personas han sido tocadas por Perra, su activismo y su mensaje.

La negligencia de Clínica Dávila, amparada por el sistema neoliberal y opresor que tenemos como país, dejaron una deuda millonaria e imposible de pagar para cualquier hijx de vecinx. Nadie que no sea de la elite chilena, ni aunque seas de esa clase “media-alta pujante que se desmorona en cuanto unx de lxs miembrxs de la familia queda cesante es capaz de pagar una deuda como esa. No es posible ni es ético, si se hubiese declarado ley urgencia Víctor Pérez se hubiese atendido gratis.

Si hubiese educación sexual no tendríamos más gente contagiada (como el chico que habló). Si visibilizaramos la temática y la viviéramos tan abiertamente como fue en la procesión, con contagios simbólicos y a vox populi, no habría más discriminación. Si el Estado se hiciera cargo como es debido no hubiese muerto Víctor, no habrían más muertxs por sida. Son los tres 0 que busca la famosa ONU que todo los 1º de marzo conmemora con el hashtag ‪#‎Zerodiscrimination.

 

Giannina Daneri

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